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Una guardería para los niños de las concheras, algo más que un proyecto educativo.

27/12/2013
José Manuel Bernardo, miembro del equipo de Servicio de Asistencia Técnica de ULMA Carretillas Elevadoras, y Henar Adrián forman un joven matrimonio de Lasarte que recientemente han regresado de Muisne (Ecuador) tras dar por finalizado uno de los proyectos que la ONG “Hegolan” tiene en la provincia de Esmeraldas.

Atrás queda septiembre de 2010 cuando, tras una experiencia inolvidable de 6 meses en Muisne, en la provincia de Esmeraldas, tomaron la decisión de regresar nuevamente para poner en marcha un proyecto educativo; lo que no sabían es que su estancia allí les iba a regalar la que, sin duda alguna, ha supuesto la experiencia más maravillosa y enriquecedora de sus vidas: adoptar a una niña, de nombre Britany, que desde el primer momento les robó el corazón.

«Siempre nos ha gustado viajar, y tener una experiencia de este tipo era algo que nos parecía básico a la hora de integrarnos en una comunidad, ya que ésa es la mejor manera de conocer su cultura y sus costumbres», nos comenta Henar, que trabaja en ASPACE y es miembro activo de la Asociación “DOA” Denok Osasunaren Alde - Todos por la Salud.

Para ellos era muy importante vivir esta experiencia juntos y fue a través de otra ONG, la zarauztarra Hegolan, como surgió la posibilidad de desarrollar este proyecto que consistía en crear un centro donde se pudiera asistir a medio centenar de niños y niñas abandonados a su suerte y darles la dignidad que su situación les había negado.

Las mujeres concheras de Muisne

Para poder entender todas las necesidades que existen en esta región ecuatoriana es importante conocer cómo es el sistema familiar allí, un tanto peculiar, ya que el patrón más repetido es el de familia, por lo general muy numerosa, y monoparental, siendo la madre la que lleva el peso de la familia. Esto es debido a que son abandonadas por sus parejas cuando se quedan embarazadas, ya que ven a los hijos como un problema.

Niñas con apenas estudios primarios que se ven forzadas a trabajar desde los 12 ó 13 años para mantener a sus hijos.  «Las casas en las que viven tienen unas condiciones higiénicas muy deficientes, no hay agua dulce, los baños consisten en un agujero en el suelo, y son familias muy humildes» comenta nuestro compañero José.

Extraer conchas es un trabajo muy duro, por eso precisamente es exclusivamente femenino.

Estas mujeres, para ir sobreviviendo, acuden diariamente a los manglares a recoger conchas, por las que les pagan una miseria. «Conchar es un trabajo “de mujeres “porque es muy trabajoso. Tenemos que dañarnos las manos, escarbar en el lodo o entre las raíces. Es un trabajo duro, por eso los hombres no están en esto. Es un trabajo muy duro y exclusivamente femenino» comentan las concheras de Muisne.

Además, conchar significa enfrentarse al riesgo de ser picadas por el pejesapo o la guardatinaja, reptiles del manglar. Y tener muchas probabilidades de enfermar de reumatismo, por trabajar en el fango, o de sufrir enfermedades de la piel.

Al no tener dónde dejar a los niños, a las concheras les quedan dos opciones, llevarlos con ellas al manglar, sus jornadas pueden llegar a ser de 12 horas, o dejarlos solos vagabundeando por las calles.

El día a día en el centro

Aunque supera el medio centenar el número de niños inscritos en el centro, no todos acuden a diario, pero los que sí lo hacen acuden especialmente a la hora de comer.

El objetivo principal es que los niños acudan cada día y la comida es el mejor reclamo; el que acudan al centro permite, además de tenerlos custodiados, garantizar que sus necesidades básicas están cubiertas.

Nos levantamos hacia las 7.30. Van llegando las cuidadoras y luego los niños, a cuentagotas. Hacia las 9.00 se les da el desayuno y, a continuación, empezamos con las actividades: cantar, contar cuentos, hacer manualidades con lápiz, papel y tijeras, etc. Se les sirve la comida y después tienen un tiempo de ocio. Por la tarde, se baña a todos los niños. Se les cambia de ropa y se les manda limpitos y con sus pañales, ya que muchos de ellos vienen sin pañal por no tener dinero para comprarlos. También se les desparasita porque hay bastante piojo en la zona y a los mayores se les ayuda con los deberes, porque la mayoría en sus casas no están alfabetizados.

La mayoría de los niños son del barrio de La Florida, pero viendo que en el resto de zonas también había niños abandonados por las calles, se contrató un transporte para ir a recogerlos, que consiste en una especie de moto con un carrito.

Además de cuidados y seguridad, se les brinda cariño

En el centro no sólo se alimenta y se cuida de los niños, si en algo hacen hincapié José y Henar es en el cariño que se les brinda, «son niños muy receptivos al cariño, cuando llegan no saben lo que es la ternura y el afecto, porque nunca lo han recibido, y, a medida que pasa el tiempo, se aprecia el apego tan grande que te tienen , llegando incluso a llamarte papá o mamá en el caso de los niños que llevan más tiempo entre nosotros».

Durante estos años en Muisne las funciones a desempeñar han sido de lo más variado, José no sólo se dedicaba a realizar labores de mantenimiento y construcción en el centro, también se dedicaba a hacer pozos de agua dulce, ya que el problema del agua es muy grande y sin ellos dependen del agua de la lluvia para subsistir. Por su parte, Henar se ha encargado en los últimos tiempos, entre otras muchas cosas más, de la parte pedagógica, intentando enseñar al personal que se ha quedado en el centro a hacer planificaciones, actividades que se puedan realizar durante la semana o incluso talleres de cuenta cuentos (para que todos los niños, incluso los que no sepan leer, puedan entender los cuentos), enseñarles canciones nuevas o actuaciones básicas que allí no se aplican, como hablarles sobre nutrición infantil.

Es muy importante que el proyecto se afiance

Todavía queda mucho por hacer pero lo más importante para esta pareja es que «aquello que actualmente ya está en marcha se pueda afianzar. Si se dejan de la mano pueden decaer. Estamos en contacto permanente con la gente que se ha quedado allí para dar continuidad a nuestro trabajo, para que no se deje nada pendiente, allí la cultura es muy distinta y es necesaria la supervisión constante para que las cosas sigan funcionando».

Tan fundamental es para que el centro tenga futuro y siga funcionando, la colaboración y el compromiso por parte de las autoridades y entidades de la zona de Esmeraldas como la colaboración ciudadana. Esperemos que la generosidad y el compromiso de particulares se traduzcan en futuro para estos niños y niñas de Muisne.

Una guardería para los niños de las concheras, algo más que un proyecto educativo.

José Manuel Bernardo y Britany